El exilio es cosa de todos

Por TONI SOLANO.

Pensamos en exilio y nos vienen imágenes de la España de 1939 o de la Europa de posguerra, pero según la RAE, el exilio es cualquier “separación de una persona de la tierra en que vive”. Muchos piensan en el exilio como algo que siempre les llega a otros, que tener que marcharse a trabajar al extranjero no es exilio, que renunciar a tu cultura para sobrevivir dignamente tampoco es tan grave. Pero el exilio es cosa de todos y el vídeo que encabeza esta nota pretende concienciarnos de que cualquiera puede sufrir ese leve tránsito entre la paz y el horror.

Seguimos con nuestra semana de las lecturas juveniles del exilio ocupándonos de exilios de todo tipo. Las guerras siempre han nutrido el mundo de exiliados y es fácil hallar lecturas juveniles con este tema. Por ejemplo, Rosas negras en Kosovo, de Jesús Cortés, es una durísima novela de refugiados en las guerras de los Balcanes. La zona de Afganistán es el contexto de obras como El viaje de Parvana, de Deborah Ellis, Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini o El chico que encontró la felicidad, de Edward Van de Vendel. Muy conocida es la obra de Judith Kerr, Cuando Hitler robó el conejo rosa, centrada en las peripecias de una familia judía que huye de la Alemania nazi.

Exiliados son también los miles de africanos que tratan de huir de los azotes de la naturaleza o de sus congéneres. Paradigmática es la novela de Jordi Sierra i Fabra, La piel de la memoria, en la que un niño es vendido para trabajar en una plantación, de la que escapa para sufrir nuevas esclavitudes. Podéis escuchar las tertulias de aula sobre ella en este mismo blog. Estremecedor también el relato de Náufragos, de Javier Arias, con varios africanos a la deriva en el Atlántico.

Otro exilio es el que trazan las fronteras arbitrarias, como la de Palestina e Israel, presente en una interesante obra de teatro juvenil de Luis Matilla, Manzanas rojas, que fue abordada en un interesante proyecto colaborativo; bajo el mismo conflicto se halla la protagonista de Saboreando el cielo, Ibtisam Barakat, que narra en clave autobiográfica la historia del exilio de su familia.

Por último, quedan esos exilios en los alguien vive dentro de una cultura marginada o silenciada dentro de otra comunidad dominante. Suelen ser exilios silenciosos, familiares, en los que los más pequeños ni siquiera comprenden por qué son diferentes si ya han nacido en ese lugar. Una novela de este tipo es Penny, caída del cielo, una preciosa historia cargada de experiencias infantiles, pero también con una latente reflexión sobre la xenofobia contra las familias italianas en la Norteamérica de los años 40.

Son historias que al final resultan muy cercanas. Creo que en esta vieja Europa, todos hemos tenido alguna vez un familiar que “ha sido separado de la tierra en la que vivía”, lo que se dice un exiliado.
Os recuerdo que hay un panel colaborativo en Pinterest en el que podéis encontrar las lecturas aquí mencionadas y en el que, si queréis, podéis aportar recomendaciones.

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